
En el mes de Enero del presente año, junto a Oscar, nos aventuramos a conocer y explorar los llamados “espolones del brujo”, conjunto de agujas de roca de granito parte del cordón del brujo ubicados en la entrada del glaciar Universidad, el la región de o’higgins.
Oscar hace unos meses atrás había trabajado en el lugar haciendo guiados al glaciar (Glaciares de Colchagua), por lo que fue un momento propicio para gestionar la entrada al lugar, ya que es privado. En el mes de noviembre habíamos ido a explorar y abrir una ruta en la aguja Manke (otra historia), y este año tuve la oportunidad de trabajar en el glaciar por lo que aprovechamos de dedicarnos a explorar en los días libres otro sector esta vez, como lo mencioné en un principio.
Fuimos en vehículo hasta el fin de camino de autos y a la vez bocatoma de la hidroeléctrica, donde estacionamos y comenzamos a caminar hacia los espolones, que nos tomó unos 20 minutos hasta el lugar de campamento. Cabe mencionar que anteriormente diciembre y enero fueron deportistas de una marca a abrir muchas rutas al sector, y en los años 90,s se realizaron diversas ascensiones.
Los primeros días fuimos a las rutas más cercanas, escalamos y abrimos un poco una ruta de monolargos, con bastante musgo (un largo de cuerda), aprovéchanos también de observar y elegir hacia donde iriamos al día siguiente. Visualizamos un espolón bastante atractivo y no muy lejos del lugar de campamento, y decidimos ir a ese lugar. Al otro día nos levantamos temprano y comenzamos a caminar tipo 6am hacia este espolón, la aproximación tenía mucha roca suelta, un acarreo largo que requería de cuidado si queríamos conservar nuestro pies y tobillos intactos.
Cuando llegamos al espolón, la panorámica de ahí era hermosa, una vista increíble hacia las torres del brujo, glaciares colgantes y sus avalanchas continuas de material acompañados de un ruido estruendoso. Recorrimos toda la falda del espolón (sin nombre), y vimos que habían varias rutas abiertas, encontramos un martillo de los años 90,s (por lo que averiguamos después), clavos y cordines muy añejos, hasta que encontramos una linda linea para escalar por el filo a la derecha de la aguja.

Ordenamos el equipo y comencé a escalar el primer largo, me sentí bastante pesada los primeros metros, me llevé todo el rack más una mochila con cordines, agua, comida y abrigo, por suerte el camino elegido me permitía proteger bien con los empotradores en caso de caída, dejé la mochila colgada a la mitad del largo para continuar mas liviana, y claro que ayudó!. Llegué hasta una repisa inclinada hacia abajo en un diedro, armé una reunión y aseguré a Oscar, Mientras él escalaba, arreglé una cuerda que me molestaba y ésta rozó una pila de piedras abajo mío, ese mínimo movimiento bastó para desencadenar una caída de piedras las cuales iban dirigidas a mi compañero, le grité “rocaaaa!” muy fuerte y el se movió fugazmente al filo de la aguja y las piedras pasaron a su lado sin causar daño, solo un gran susto. Nos reunimos con Oscar en la repisa, y el continuó abriendo el siguiente largo, se llevó el taladro y puso 2 chapas en el filo para evitar escalar por la parte de roca suelta, siguió escalando hasta armar una siguiente reunión. Me tocó abrir después el 3er largo que era una fisura de dedos que se convertía en una fisura para empotre de manos, muy bella, pero llena de musgo, por lo que era bastante resbaladiza, seguí sin parar para evitar caerme hasta llegar a una zona mas cómoda para armar la reunión, desde aquí abrimos 2 largos más entre placa y diedro, con harto musgo y con chapas entremedio para aportar mas seguidad y evitar escalar bloques grandes y quizás sueltos. Después de estos 2 largos encontramos anclajes con chapas provenientes seguramente de una ruta a la izquierda, de esta reunión, trepamos a la cumbre del espolón, la cual era una torre de naipes, ya que eran grandes bloques uno arriba de otro, así que los movimientos requerían concentración y delicadeza. Llegué a la cumbre, aseguré a Oscar y anteriormente veíamos que se avecinaban nubes negras más viento, así que una vez que él llegó, desescalamos con mucho cuidado asegurándonos con la cuerda, hasta llegar al anclaje para hacer el rapel.

Hicimos los rapeles de la ruta de la izquierda, y aprovechamos de reforzar sus anclajes, los cordines viejos que estaban se desarmaban con un suave tirón, los cambiamos por unos nuevos e instalamos un par de chapas más. Realizamos 4 rapeles hasta llegar al suelo, ordenamos el equipo y ya oscureció. Bajamos lentamente por el acarreo hasta la carpa, al otro día bajamos hasta el lugar de trabajo para al siguiente, comenzar a trabajar guiando a la gente al glaciar.
Finalmente, la ruta que abrimos se llama “Pilar verde”, por el color que le dan los musgos, de 5 largos más 1 a la cumbre, graduación 5.10+, A0, y la bajada directa por la ruta de la izquierda.
Fue una muy buena experiencia, y muchas gracias al lugar, a la motivación de la cordada Oscar Marín, a los que trabajan en el lugar por acogernos y al dejarnos acceder a conocer más este bello paraiso de naturaleza (Glaciares de Colchagua).

Ficha Técnica “Espolones del Brujo” (clic para agrandar)

Andrea Cáceres / @andreitadelavida
Embajadora Chilemontaña.cl


